Congresistas y expertos comparten los retos y las amenazas de las ciudades

Congresistas y expertos comparten los retos y las amenazas de las ciudades

El panel del grupo de expertos del eje temático de Ciudad y Paz ha iniciado, después de las presentaciones de los asistentes, con las palabras de la ponente de eje, la doctora Begoña Román, que ha sintetizado en cuatro ideas principales su ponencia sobre Ciudad y Paz.

Para Begoña Román la ciudad debe ser un espacio de convivencia y socialización hecha a medida de sus ciudadanos. Una ciudad donde la ciudadanía se apropie de la ciudad, lejos de sentirse expropiada, sienta la ciudad como suya. La ciudad debe ser el espacio natural de un ser humano que es “zoon politikon”: animal social por naturaleza que encuentra en la ciudad el espacio de reconocimiento, el espacio de relaciones y el espacio donde resolver las necesidades individuales en comunidad.

Hay que preservar la ciudad y para ello hay que tener un modelo de ciudad. No sólo crear ciudades a golpe de planificaciones en función de los intereses de los poderes del momento. El modelo de ciudad ha de estar pensada para la vida cotidiana de los que la habitan y no para actos extraordinarios y buscando generar ciudades fractales, aquellas donde en cada parte, en cada barrio, se puede hacer de todo y vivir la ciudad en su plenitud. Todo es nuclear y no hay periferia.

La ciudad a escala humana, aquella ciudad que se puede recorrer andando, es la ciudad de modelo mediterráneo: ciudad cercana, no cercada, amigable y paseable. En ella se entra y se sale a lo largo del día. No es una ciudad dormitorio.

Una ciudad que sea capaz de crear bienestar y riqueza a la mayoría de su población, donde la horquilla de los salarios no genere ni demasiados ricos ni demasiados pobres, y evitando que la aporofobia, el odio a la pobreza, sea un distintivo de la ciudad.

Y por último, una ciudad transparente, donde las decisiones y el porqué de cada decisión de los gobernantes están expuestas a todos los ciudadanos y ciudadanas de manera pública y transparente. Una ciudad transparente que rinde cuentas a la ciudadanía.

Para Juan Ramírez, Presidente de la Fundación Vanessa y participante del Congreso como experto, el reto principal al que se enfrentan las ciudades para convertirlas en espacios de convivencia es salir de un desorden estructural. Y para salir de ese desorden, para establecer un orden que garantice derechos y deberes a todos, el papel de las instituciones es importante, pero el papel de los ciudadanos es crucial. La recuperación de la ciudad debe venir de un trabajo conjunto entre las instituciones públicas y privadas. Para recuperar espacios públicos, hoy inaccesibles al ciudadano: por ejemplo, arrebatar las aceras al tráfico y devolverlas a los transeúntes.

Pero para llegar a la ciudad hay que trabajar la ciudadanía. Trabajar con las personas y las familias. Involucrarles en ser agentes activos generadores de un nuevo orden. Y recuperar valores cívicos tradicionales y referentes próximos, positivos y constructivos.

El desorden es resultado también de la falta de autoridad. La autoridad actual no cumple su función, porqué lejos de ser un factor de transformación social, se ha convertido en un elemento generador de clientelismos que perpetúa la situación actual de desorden. Romper los clientelismos es indispensable para recuperar la autoridad.

El desorden ha creado ciudades con grandes diferencias sociales y urbanísticas. Barrios degradados y con altos niveles de exclusión social. Un urbanismo y una planificación que debe dar respuestas a los movimientos migratorios, acogiendo a las personas que llegan a la ciudad en espacios urbanos dignos para todo el mundo.
Y todo debe empezar con formación de ciudadanos y ciudadanía y la familia.
Manel Vila aborda la construcción de ciudades pacíficas a partir de su amplia experiencia en el ámbito municipal como directivo en el Ayuntamiento de Barcelona.

Tres idees fuerza están en la base de su discurso. Primero, el papel de las ciudades en el escenario internacional: éstas y sus ciudadanos son los que sufren el conflicto en toda su intensidad y crudeza, pero en cambio su papel en las relaciones internacionales es menor. Empoderar a sus dirigentes y dar un papel mayor a las ciudades es una tarea a realizar con urgencia.

Segundo, las ciudades ayudan a otras ciudades. A nivel municipal. De manera directa, sin intermediarios. Municipios que ayudan a municipios, cooperación entre sus instituciones públicas y entre la sociedad civil. La complicidad entre ciudadanos de ciudades que se encuentran en bandos opuestos, o de ciudades distantes pero que viven los mismos problemas y retos, esa complicidad es fundamental porque al fin y al cabo las instituciones de la ciudad defienden a sus ciudadanos y estos viven las mismas experiencias y necesidades en todas la ciudades. La fuerza de las ciudades muchas veces supera a otros mecanismos de la comunidad internacional.

Tercero: la mezcla social en la ciudades, su convivencia y su respeto es un elemento crucial para la resiliencia ciudadana en momentos graves de conflicto. Esa convivencia cotidiana en la ciudad entre “improbables” (en otros espacios) permite que surjan relaciones y respuestas esperanzadoras en las situaciones más extremas. Los vecinos pueden superar el conflicto y construir puentes ahí donde otros muchos buscan como destruirlos, y destruir la ciudad.
Escarly Urbano habla de la ciudad sin límites como dimensión necesaria para pacificar las ciudades. La relación entre ciudad y discapacidad, una relación que engloba muchas más personas que un colectivo concreto y que debe ir más allá que un ámbito concreto de gestión de la ciudad. Pasar de la discapacidad a la diversidad funcional y trabajarlo de manera transversal y con planificación. La ciudad deberá adaptarse a las distintas capacidades que sus conciudadanos expresen en cada momento: gente mayor, madres con bebés, discapacidades temporales… Una ciudad sin barreras y que garantiza la autonomía a todos y todas sus ciudadanas. Por ello, precisamente, la labor de romper barreras físicas debe estar acompañada de la labor de romper barreras psicológicas y sociales. Una ciudad que debe tener como misión normalizar la vida de cada ciudadano y ciudadana. Normalizar y dignificar. Luchando contra la victimización y la exclusión. Y para ello las ciudades deben realizar y ejecutar de manera eficaz planes de integración en todos los ámbitos. La ciudad debe ser un espacio de derechos y oportunidades para todos y todas.

En “La sociedad del riesgo” la pobreza va acabar afectando directamente al más rico. En las ciudades no hay compartimientos estancos y los muros no son ninguna solución. El desequilibrio sólo puede resolverse con justicia social, con equilibrio. Thelma Álvarez, expone su trabajo con mujeres en diferentes barrios de Santo Domingo con problemas de hacinamiento y exclusión social. La mujeres de estos barrios demandan espacios dignos para fomentar relaciones familiares y vecinales que contribuyan a mejorar la convivencia, pero estos espacios no existen, y aunque los políticos tomen nota, las políticas no llegan. Mientras, las posibilidades de futuro de sus vecinos de quedan cortadas por su origen: ser del tal barrio no da derecho a un trabajo digno. Y la rueda vuelve a empezar. Romper este círculo vicioso es importante para transformar en el entorno. Y esto empieza por el compromiso de cada individuo, de cada ciudadano, con su entorno. Educar a los ciudadano para que cuiden lo suyo. Cuidar su entorno. La cuidadanía.

El planteamiento de los expertos y la ponente del eje ha dado paso a un debate participativo donde los diferentes congresistas han expuesto sus visiones y experiencias sobre los retos y amenazas existentes para construir de manera eficaz ciudades pacificas y con oportunidades de progresos para todas y todos.

Panel del grupo del eje ciudades y paz I