El presidente de la Fundación Vanessa marca la violencia y la corrupción como obstáculos para lograr “ciudades soñadas”

El presidente de la Fundación Vanessa marca la violencia y la corrupción como obstáculos para lograr “ciudades soñadas”

Juan_ramirezJuan Ramírez, presidente de la Fundación Vanessa, en su exposición como experto del eje temático ciudades y paz del III Congreso Internacional Edificar la Paz, ha presentado los principales obstáculos que impiden lograr un modelo de “ciudad soñada” en República Dominicana a pesar de ser un país de oportunidades, con mayoría de población joven y con capacidad de superación.

El primero de los impedimentos, según Ramírez, es la expansión de la politocracia clientalista, es decir, “de una clase política en su gran mayoría corrupta, que obtiene el poder basándose en el clientelismo político y no en su capacidad de formación, honestidad y vocación de servicio”. Y denuncia que hoy muchos políticos dominicanos “obtienen gran riquezas con el tráfico de influencias y sobornos con los recursos que deberían dedicarse al desarrollo de la población”.

En segundo lugar, también se debe considerar un obstáculo “la mala calidad de la educación”. En este sentido el presidente de la Fundación Vanessa pide una reorientación del presupuesto en educación para “mejorar la educación de los formadores, que los estudiantes de los centros públicos y privados tengan las mismas condiciones oportunidades de aprendizaje, que se reduzca el ausentismo y la deserción escolar”.

Otros dos elementos perjudiciales son: la pobreza – el 2014, el 28% de la población dominicana vivía en la pobreza y el 12% en la pobreza extrema- y el desempleo – el 2015 la tasa de desempleo del país era del 14%, aunque la mayoría del empleo del país es informal- lo cual genera un alto índice de migración.

La inseguridad es otro aspecto negativo de la isla. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en República Dominicana la violencia tiene características de epidemia, a pesar que en los últimos tres años se ha registrado un descenso significativo. Según recuerda Ramírez, “a los fallecidos se les debe agregar los miles de ciudadanos que quedan discapacitados, el trauma psicológico que crean las acciones de violencia en la familia y en las comunidades”. Según la Encuesta Nacional de hogares, un 74% de la población considera la delincuencia el principal problema del país.

Además, la violencia también genera otras consecuencias. Por ejemplo, desorden en el tránsito y el índice más alto de muertes en accidentes de América Latina. Y, un alto índice en desintegración familiar, por ejemplo, más del 50% de los hogares dominicanos son monoparentales y un 20% de los embarazos son en adolescentes.

Finalmente, según el presidente de la Fundación Vanessa, la última debilidad de las ciudades dominicanas es el narcotráfico y las armas de fuego. “Si queremos ciudades pacíficas es necesario que el ciudadano respete y cumpla la constitución y las leyes y es necesario que si comete una violación pague las consecuencias. (….) La policía y el sistema de justicia deben tener los recursos humanos, tecnológicos y infraestructuras para asegurar su respeto a la ley, terminar con el clientelismo político, para elegir autoridades con vocación de servicio y con liderazgo (…) Construir viviendas dignas y espacios públicos amigables con el medio ambiente y que el ciudadano pueda disfrutarlo con seguridad. Que la movilidad sea segura. Fuente de trabajo para todos. Servicios públicos eficientes y ciudades resilientes”.