Manifiesto de Santiago por la Paz

Manifiesto de Santiago por la Paz

Al concluir el 3r Congreso Internacional Edificar la Paz en el siglo XXI celebrado en Santiago de los Caballeros los días 26, 27 y 28 de junio de 2017, el Comité Científico, recogiendo las aportaciones, las comunicaciones y las ponencias que se han presentado, así como los trabajos precongresuales de más de 50 expertos nacionales e internacionales, proclama el siguiente Manifiesto dirigido a la opinión pública en general, al sector académico, a las organizaciones que trabajan para hacer posible la paz en nuestro contexto y sobre todo, a toda la ciudadanía dominicana y del Caribe.

Después de un fructífero trabajo realizado a lo largo de los años 2016 y 2017, y especialmente luego de vivir y compartir la experiencia de tres días de Congreso, queremos poner en común ideas, sueños, sugerencias e iniciativas para la paz que se han discutido en este espacio, con el anhelo de que se constituyan en elementos para la reflexión, el diálogo y la generación de acciones individuales y colectivas para avanzar en el compromiso general de Edificar la Paz en nuestras vidas y nuestra sociedad.

A todas las personas y colectividades, instituciones y organizaciones, universidades, colegios, familias, iglesias y movimientos sociales y políticos, que comparten este anhelo conjunto, manifestamos que creemos que es posible avanzar en la construcción de la paz en nuestro tiempo, lo cual implica atender a los siguientes factores:

1. Migración
Los movimientos poblacionales no son una cuestión actual, sino que forman parte de la Historia de la humanidad. La Globalización ha acercado culturas y países, pero también ha generado conflictos, temores y prejuicios que hacen de la libertad de tránsito y de la libertad de residencia un reto, en el que la convivencia en la diversidad se convierte en una aspiración y una necesidad. Aspiramos a que la acogida de migrantes en el seno de las sociedades sea un proceso pacífico, creativo y de mutua compresión entre quienes emigran y los que acogen.

2. Identidad
El proceso de pacificación entre identidades sólo es posible si éstas son capaces de identificar eso que las une más allá de sus legítimas diferencias constitutivas. El mero hecho de existir nos hermana y convoca al diálogo. Esta labor de identificación de lo esencial es fundamental para evitar la caída en el radicalismo identitario que genera nacionalismos xenófobos.

Cada identidad debe poder explorar su génesis, porque en esa génesis descubrirá la presencia del otro, y las múltiples interacciones que han dado como resultante la identidad presente. Como indica el filósofo francés, Paul Ricoeur, las identidades humanas son narrativas, se construyen a lo largo del tiempo y son la resultante de una historia de interacciones. Conocer esta génesis es fundamental para no sucumbir al mito de la pureza identitaria que acostumbra a ser el gran argumento contra la práctica del diálogo, de hospitalidad y la interacción abierta y fluida entre identidades. El multiculturalismo ha de ser una tarea permanente en los procesos educativos y la interacción social.

3. Justicia Social
La paz no sólo depende del individuo sino también de las instituciones y las estructuras. Muchas de estas estructuras generan en sí mismas injusticia, opresión y esclavitud. La paz no será posible si no hay justicia social, justicia económica y justicia política en el mundo. La distribución asimétrica de la riqueza genera inestabilidad y resentimientos. Por ello, la pacificación del mundo depende de la práctica efectiva de la justicia, la vindicación de la dignidad de los grupos vulnerables y la erradicación de la violencia no sólo física sino también estructural. Se impone crear formas de democracia cada vez más incluyentes y generadoras de riqueza que se comparte generosamente.

Entendemos la justicia social como un proceso dinámico de ir solucionando colectivamente aquellos problemas que generan discriminación o exclusión entre los seres humanos, para afrontar nuevos problemas que se percibirán una vez resueltos los anteriores. En este sentido, la construcción de la paz es un proceso permanente de lograr relaciones de dignidad y plenitud entre los seres humanos.

4. Mediación
Entre las muchas capacidades que tenemos las personas, está la capacidad de transformar las relaciones conflictivas intrapersonales, interpersonales y con el entorno, desde lo más micro hasta lo más global. Esta dinámica transformativa permite renovar las implicaciones e interacciones partiendo de la herramienta del diálogo. Por todo ello la cultura de la mediación que se está difundiendo contribuye a recuperar la capacidad comunicativa para gestionar de modo positivo los enfrentamientos.

A menudo la mediación se ha dedicado a resolver disputas, y por muchas disputas que resolvamos, esto no significa que se haya producido un cambio estratégico social. El reto es cómo hacer de los instrumentos que tenemos, una contribución a lo que son los cambios estratégicos sociales, políticos, culturales, para que de verdad podamos hablar de una Cultura de Paz y no solamente de la resolución de un conflicto.

5. Mujer y Paz
La desigualdad de género es un lastre histórico que genera un potente obstáculo para el cumplimiento de los derechos humanos y el desarrollo social.

Las acciones de discriminación positiva que proporcionan condiciones favorables para las mujeres son importantes, pero no suficientes. Hay que hacer más y debemos hacer que la mujer tenga más poder político para participar libremente en asuntos sociales e institucionales. Para que la mujer llegue a reconocerse plenamente como sujeto activo, hace falta deconstruir la imagen de víctimas pasivas que tradicionalmente se les ha asignado a las mujeres para generar un espacio en el que las mujeres sean consideradas como sabias y con experiencia relevante para la sociedad.

6. Ciudad y Paz
Pensar la convivencia ciudadana en clave de paz es hablar de calidad de la convivencia y de desarrollo. Un desarrollo que posibilite las condiciones de igualdad de los ciudadanos y el reconocimiento de la dignidad imprescindibles para implementar un marco político. Éste ha de apoyarse en los mínimos de justicia, y posibilitar la realización del proyecto de vida de cada persona y cada grupo humano, desde el respeto al pluralismo y el disenso.

Por todo esto llamamos:

– A todas las ciudadanas y ciudadanos, para que tomen consciencia que cada uno es un agente de paz y que la paz es la condición para la plenitud del ser humano.

– A las instituciones educativas, formales y no formales, porque tienen la responsabilidad de educar en la cultura de la paz y potenciar la resolución de conflictos.

– A las universidades y a los centros de investigación, porque, junto con la sociedad civil organizada, busquen vías plausibles e inteligentes para pacificar el mundo.

– A los gobernantes, porque el mejor modo de construir el futuro es trabajar para el bien de los presentes.

Santiago de los Caballeros, 28 de junio de 2017

Lectura del manifiesto