Mujer y Paz

Morillo Family

El desequilibrio social de la desigualdad de género irrumpe como un potente obstáculo para el cumplimiento de los derechos humanos y el desarrollo social, pues la inclusión social y laboral de la mujer propiciaría un vuelco demográfico, social, cultural y económico importante en las sociedades del Caribe. La transversalidad de género, por ende, garantiza una equidad de derechos sociales entre el hombre y la mujer en frente del Estado y la sociedad en general.

En temas de la paz, es vital que las mujeres intercedan en la prevención y solución de los conflictos, para que puedan participar plenamente en la edificación y el sustento de la paz. Es necesario entonces aumentar la representación de la mujer en la construcción de una sociedad más justa.
El objetivo de desarrollo #16 en la Agenda 2030 de la ONU plantea combatir las desigualdades para construir sociedades pacificas e incluyentes, destacando la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas de todo el mundo.

Esto solo es posible reconociendo que es necesario tanto lo femenino como lo masculino en la construcción de dicha sociedad. El exceso y la casi exclusividad de rasgos masculinos han deformado la vida pública. Prevalece aún el dualismo y la exclusión, la compartimentación y atribución a las mujeres de valores que les relegan en la posición social.

La sociedad precisa en todos sus ámbitos, la incorporación de verdaderos rasgos femeninos para la consolidación de la paz.

Las acciones de discriminación positiva que proporcionen condiciones favorables para las mujeres son importantes, pero no suficientes. Hay que hacer más y debemos empezar a tener más poder político para que la mujer pueda participar libremente en asuntos sociales e institucionales. La mujer se debe entender como sujeto activo, hace falta deconstruir la imagen de víctimas pasivas que tradicionalmente se les ha asignado a las mujeres para generar un espacio en el que las mujeres sean consideradas como sabias y con experiencia relevante para la sociedad.

Evidentemente se requieren cambios en todos los órdenes del sistema social y las instituciones, cambios que redefinan no solo el lugar de las propuestas de las mujeres, sino el lugar de los hombres desde una necesaria construcción de nuevas masculinidades.

Se debe denunciar el orden patriarcal que relega a las mujeres en cualquier entidad social que exista, incluyendo a la familia misma, donde la representación social de ésta recae en la mujer. Hacen falta reconfigurar otros tipos de familia, de una forma más igualitaria y colaborativa.

Se deben realizar acciones educativas y divulgativas. Hace falta revisar los contenidos educativos formales e informales, así como las políticas públicas y la implementación efectiva y real de las leyes. Las condiciones de trabajo de las mujeres en economías neoliberales, conlleva una enorme precariedad y explotación muchas veces, limitando sus derechos por su condición de mujeres. Sin cambios en sus condiciones económicas y de igualdad de derechos, la independencia y bienestar de las mujeres no dejará de ser un discurso político alejado de la realidad.

También debe darse una aproximación desde aquellas políticas públicas que como ejercicio de empoderamiento de las luchas del movimiento social de mujeres, apuntan a replantear estructuralmente el lugar de las mujeres en el ordenamiento social y en su modelo político y económico, y a consolidar en todos los ámbitos sociales (política, economía, ciencia, comunicaciones, educación, etc.), oportunidades amplias y sin limitaciones para ellas.

El trabajo de las mujeres en el ámbito del hogar y comunitario debe ser reconocido a través de estas mismas políticas, que reconozcan su contribución al bienestar individual y familiar, fomenten el apoyo a las mujeres en la maternidad cuyas condiciones de precariedad suponen factores negativos para su salud y la de sus familias.
Numerosas mujeres han experimentado o fortalecido su papel en las comunidades y la sociedad. La construcción de un liderazgo femenino se ha dado muchas veces en situaciones de crisis donde las mujeres han fortalecido valores de confianza y de autoestima, llevando a cabo tareas de apoyo a otros, obtención de recursos económicos o fortaleciendo sus lazos y protección de la familia.

La revalorización de la identidad de las mujeres como sujetas de derechos también supone un fortalecimiento de su autoestima. Los roles de género establecidos en la sociedad limitan su capacidad de liderazgo, que se ve siempre condicionado por la falta de reconocimiento social y por la sobrecarga afectiva y social. Trabajar la confianza y la autoestima en las mujeres es esencial para lograr el empoderamiento de éstas, pero también promover políticas que generen condiciones para el desarrollo personal de las mujeres. Para la transformación social y superar las relaciones de discriminación, se requiere de la presencia y participación activa de las mujeres en los ámbitos de toma de decisiones públicas.

En este eje temático deseamos poner de relieve la heroicidad de tantas mujeres emprendedoras de iniciativas de paz, convivencia y cohesión social.

Iniciativas y proyectos que se han abierto a la sociedad, a la colaboración entre hombres y mujeres para mayor paz.
Lo masculino más lo femenino, no constituyen simplemente unos sumandos, sino que posibilitan un encuentro, una multiplicación y mutua potenciación de ambos tipos de especificidades, dando lugar a un ‘nosotros social’, de resultados gratos e inesperados.

Hoy muchos jóvenes desean una nueva relación entre el hombre y la mujer. No se plantean dominar en las relaciones humanas, pues evidencian que ambos son seres humanos iguales en dignidad. Quieren enterrar ideologías y actitudes que enmarañan y enredan su relación porque quieren ser libres.

Respetando mutuamente las características de cada género, lo mejor es colaborar todos, en pie de igualdad, para hacer un mundo más pacífico y gratificante; no sólo en el futuro, sino ya, cuanto antes, en el presente.

Preguntas a considerar:

1. ¿Son suficientemente efectivos los modos de promoción de los
derechos humanos, especialmente los referentes a la inclusión social
y laboral de la mujer, por parte de los Estados del Caribe?
2. ¿Cómo debemos afrontar un cambio cultural que incentive la
promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de las
mujeres y las niñas en el Caribe?
3. ¿Cómo reducir la inseguridad y exclusión que experimentan las
mujeres en el espacio público a fin de que puedan tener una
participación más plena en los espacios de poder político?
4. ¿Cómo se expresa la garantía de los derechos de las mujeres y, a la
vez, de generación de desarrollo social, equidad y paz?
5. ¿Cuál es la vía de prevención de la violación de los derechos de
participación de las mujeres más adecuado para su aplicación en el
territorio del Caribe?
6. ¿Existen otros modos de prevención e intervención efectivos a nivel
global que no se practiquen en la región del Caribe?
7. ¿Cuál es la mejor manera de reconocer el formidable papel ya
existente de las mujeres en los diálogos sobre la paz?

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